CDLXXVI


476 años (se lee, cuatrocientos setenta y seis años) se dice rápido, demasiado, quizás. 476 años son los que se cumplen hoy de la fundación de ‘Santiago de León de Caracas’ aquel 25 de julio de 1567 por Don Diego de Losada que había ordenado la reedificación de la población de San Francisco en los años previos. Lleva el nombre del apóstol ‘Santiago’ por la fecha de su fundación y Caracas que era la tribu indígena que habitaba la zona a la llegada de los conquistadores -esta es la tesis más aceptada-.

La joven doncella del norte de sudamérica ha visto pasar casi todo los eventos históricos más relevantes de Venezuela, incluso ha sido despojada de su capitalidad en un par de ocasiones, pero más allá del intringulis histórico de su fundación preocupa más su estado actual. Así como cuando envejecemos nos empezamos a preocupar por nuestro propio aspecto y estado físico, la ‘doncella’ del Caribe sufre y padece el peso y los daños de los años provocado por el uso y abuso de una ciudad que ha crecido como ninguna en la región -desproporcionadamente- y sin planificación urbana y de infraestructuras.

Esta mañana leía que ‘Caracas tiene un buen lejos’ y es verdad, la panorámica de esta que es mi cuna no deja sin impresionar a nadie. Presidida por el ‘Cerro El Ávila’ -esa formación montañosa al norte de la ciudad que es su muralla protectora, su pulmón vegetal, su mejor amante, su eterna compañera- la capital venezolana tiene una orografía irregular y condensada. Su variada arquitectura, como el armario de una mujer de tendencias, refleja el paso de las modas y estilos de edificar y construir y da cuenta de la libertad con la que arquitectos, constructores y urbanistas han hecho de las suyas con el rostro virgen de una ciudad que no ha sabido administrar su ‘desarrollo’. La ciudad del caos, seno de la inseguridad, la violencia y la impunidad, de los autobuses abarrotados, es hoy en día uno de los destinos aéreos más caros del mundo.

Caracas se hace mayor, y acusa en sus envejecidas fachadas, calles, plazas y avenidas el deterioro de casi medio milenio de ciudadanos descuidados, de políticos despreocupados e inconexos. Caracas necesita un lifting, un lavado profundo de cara, una recuperación de modales y morales que devuelvan a esta ciudad su esplendor histórico, su valor turístico y su funcionalidad. Una ciudad de contrastes y realidades, de historia y con historias, de crónicas y sucesos, la cuna de Bolívar, casa de Leones que juegan béisbol y de Cocodrilos que juegan baloncesto, asiento de una casa que vence sombras.

‘Caracas es Caracas, lo demás es monte y culebras!’ Es lo que solemos decir los caraqueños, esos hombres y mujeres que desde el alba y hasta el atardecer salen a la calle a ganarse el pan.

A Caracas y sus caraqueños, felicidades en su día.

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