en un parque cerca de casa…


Allí, al otro lado de la plaza por donde siempre pasaba. Un pequeño claustro vegetal a modo de recordatorio de lo que la humanidad ha destruido, un laberíntico parque donde decidí pasar lo que quedaba de tarde de aquel sábado.

Conseguí un banco para sentarme a leer el libro que había dispuesto para esa ocasión. No pude hacerlo, la vida alegre y tranquila que transitaba por aquel recinto verde me lo impidió.

Lo que vi me tenia cautivado, vi cómo un chaval se sentaba, guitarra en mano, a componer una canción. Vi, y recordé, lo mucho que le gusta el agua a los perros que paseaban con total libertad y soltura y que entraban y salían a su antojo de la fuente que se hallaba en ese jardín citadino. Lo que me recordó que no existen, o quizás no deban existir, excusas para ser feliz haciendo lo que a uno se le antoja.

Vi a los niños corretear, saltar la cuerda, andar en sus bicis. Vi a los niños ser niños. Recordé, que había olvidado serlo.

Recordé, que hacía mucho tiempo no veía la vida de esta manera, y lo más importante, que disfrutaba haciendolo.

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